Huertos agroecológicos en Manta: sembrar esperanza, cosechar futuro

Cuando pienso en uno de los proyectos más transformadores de mi gestión como alcaldesa de Manta, sin duda vienen a mi mente los huertos agroecológicos. No solo porque representan una solución sostenible, sino porque han cambiado la vida de miles de familias en nuestra ciudad.

Todo comenzó con una idea sencilla pero poderosa: ¿qué pasaría si cada familia pudiera producir sus propios alimentos? En un contexto donde muchas personas enfrentaban dificultades económicas, entendí que la seguridad alimentaria no podía depender únicamente del mercado. Teníamos que volver a lo esencial: la tierra.

Los huertos agroecológicos en Manta nacieron como una respuesta social, pero hoy son un modelo de desarrollo sostenible. Actualmente, contamos con más de 7.300 huertos familiares, comunitarios y escolares, distribuidos en diferentes sectores de la ciudad. Cada uno de ellos representa autonomía, dignidad y esperanza.

Este proyecto no solo se trata de sembrar alimentos. Se trata de construir comunidad. He visto cómo vecinos que antes no se conocían hoy trabajan juntos, comparten conocimientos y fortalecen vínculos. Los huertos han unido barrios, han generado espacios de aprendizaje y han devuelto el sentido de pertenencia.

Además, hemos promovido una ordenanza que regula y fomenta el uso de estos huertos, asegurando su continuidad en el tiempo. Esto convierte a Manta en una ciudad pionera en políticas públicas de agricultura urbana en Ecuador.

Durante la pandemia, este proyecto fue clave. Muchas familias pudieron alimentarse gracias a lo que producían en sus propios hogares. Pero más allá de la crisis, hoy los huertos siguen siendo una herramienta de transformación social.

También tienen un impacto directo en la salud. Consumir alimentos frescos, libres de químicos, mejora la calidad de vida. Y cuando las personas se involucran en el proceso de producción, desarrollan una relación más consciente con lo que consumen.

Mi visión es clara: seguir fortaleciendo este modelo, ampliar su alcance y convertir a Manta en un referente internacional en sostenibilidad urbana. Porque estoy convencida de que el desarrollo no solo se mide en infraestructura, sino en la capacidad de una ciudad para cuidar a su gente.

Sembrar un huerto es sembrar futuro. Y en Manta, ese futuro ya empezó a crecer.

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